Silvia Pleguezuelos-Mujeres desbordadas

 

Profesora de Yoga, Coach a través de escritura terapéutica (mentora RET) y experta en la integración de Hábitos. Creadora del Método L.I.B.R.E -carga y descarga- con el que aprendes a organizarte y encontrar tiempo para ti, recuperas tu energía y serenidad y adquieres una rutina de bienestar definitiva.

Acompaño a mujeres cracks-profesionales y madres– a vivir los días cómo ellas desean y sentirse libres, superando sus cargas: miedos, limitaciones y creencias. Recuperar la energía, vivir los días en equilibrio, organizarse y encontrar tiempo para todo.

Sé que te puedo ayudar porque yo también estuve ahí, soñando con una vida con sentido, con tiempo para mí y liberarme del sentimiento de estar atada a una vida que no había nacido de mí. Pero lo conseguí, pude aunar mis pasiones (vida activa y crecimiento personal) en mi rutina diaria y hacer de ellas mi profesión como experta en Rutinas para el bienestar.

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burnout laboral- mujeres desbordadas

Licenciada en Dirección de Empresas, trabajé 20 años como ejecutiva en Marketing y Retail. Crecí basándome en valores como el trabajo y la preparación para ser independiente e incluso crear mi propia empresa. La búsqueda del “éxito” siempre fue mi prioridad y la realización, más como clave de mi felicidad.

Mi ritmo desorbitado de vida, el alto nivel de exigencia y la tendencia a complacer a los demás me hacían sentir sobrepasada. Vivía angustiada por las jornadas interminables y frustrada por las cosas que no había llegado a hacer. Pero era la etapa de “escalar” y demostrar. Vivía feliz y realizada, a mi manera. 

No sabía lo desconectada que estaba de mí misma.

Me llevo de esta etapa todo el bagaje profesional que me sirve hoy para mi proyecto vital. Me ha servido para descubrir algunas de mis cualidades, que tan importante es tener presentes; Se me da bien construir nuevos proyectos desde cero por mi capacidad creativa y organizativa. Como una vez un jefe me dijo: “sabes hacer que los demás hagan las cosas y de buena gana” y creo que es una cualidad que me ha acompañado siempre en mi vida profesional y personal, viendo lo mejor de cada persona y sacando lo mejor de ellas.

Con la llegada de mi hijo mis tendencias y creencias se acentuaron. Pasé de ser una mujer con carrera a una mujer que, además, ha sido madre. Los días se llenaron de puro amor y nuevos sentimientos: la magia de crear una vida. Pero ¡ai amiga! entonces, la vida dió un giro de 360 grados!

Los días se convirtieron en un continuo conflicto interno; seguir enfocada en mi trabajo por el que tanto había luchado y al mismo tiempo el temor perderme su infancia. Mis jornadas pasaron a ser un “Tetris”, intentando llegar a todo y complacer a todos. El cóctel de culpabilidad, querer ser “buena madre” y demostrar que sigo siendo buena profesional, me llevaron a sentirme atrapada. Mi vida se volvió demandante, sin tiempo para mí, multitarea y siempre estaba agotada.

Todo, absolutamente todo, merecía la pena y además, ¿es sólo una etapa verdad? 

No eres consciente del gran error: tu tendencia femenina a cuidar y ocuparte de todo te hace sostener absolutamente todo y te desatiendes.

Normalizas que hay que aguantar,  “ahora es lo que toca”, “es sólo una etapa”. Normalizas no sentirte bien.

Por ponerte un ejemplo, un día de mucho tráfico, camino a la escuela, tarde y agobiada por todo lo que el día deparaba, hago un adelantamiento un poco bruto y el claxon seguido de un grito del conductor del coche de atrás me sobresalta. Un grito que no sabes por qué te llega tan adentro, como un insulto, una puñalada, y me pongo a llorar desconsoladamente. ¡Si tú superas todo lo que tengo!- pienso. Soledad, incomprensión, no sabes ni qué te ha pasado, no te reconoces.

No, esto, no es normal.

Mi ¡basta ya! ocurre en mi 40 aniversario que llega con una gran crisis. Nada de pareja, ni de hacerme mayor, no, una crisis existencial de la de verdad, la de encontrar el sentido a tu vida. ¿Qué he hecho desde los 30 a hoy? Vacío. 

¡Uau!, hacer y hacer pero sin relamente ser. He postergado mis necesidades, sueños y pasiones. Estoy más atada que nunca y me siento vacía. ¿Vacía? ¡Pero si lo tengo todo! Sí amiga, has tirado y tirado, pero totalmente desconectada, ya no sabes quién eres ni qué quieres, te has descuidado y ni siquiera reconoces tu mal carácter. 

Faltaban herramientas.

¡Me niego rotundamente a sentir lo mismo a mis 50. ¡Debo hacer algo!. Soy una persona independiente, me encanta viajar, el deporte y conococer gente, participar en ongs, comunicar, enseñar y….¡mi vida no contiene nada de esto! Si echo la vista atrás, ¿cuánto hace que no disfruto de un día para mí, que no me río a carcajadas? Este fue mi click.

En un arrebato de motivación, decidí empezar a cuidarme pero tampoco sabía cómo hacerlo ni por dónde empezar. A cada buen propósito, los imprevistos y las interrupciones me lo impedían. No controlaba mi tiempo ni mi agenda. Frustración.

Un día decidí que aprendería a meditar, al menos pararás y te escucharás, me dije. A los pocos meses, quería más y mi intuición me llevó a estudiar yoga, tendría la menos una herramienta para practicar en casa y que calmaría mi mente…

Y así empezó mi segunda etapa formativa, mi segunda vida, la del autocuidado y el autoconocimiento que me llevarían a vivir la vida, mi vida y no la de los demás.

La carrera más larga y gratificante del mundo. 

La formación de profesora de yoga te obliga a tener una práctica de asanas y un estudio de filosofía diarios. Más adelante, empecé un coaching basado en la escritura terapéutica donde descubrí cómo tus palabras y tus vivencias marcan tu forma de pensar y sentir y que se pueden reprogramar. Aprendí a poner palabras a mis propios sentimientos y, lo más importante, me conocí a mí misma.

Un día cualquiera, observé a la entrada del cole a las demás madres llegar “como pollo sin cabeza” mientras yo me sentía tranquila y feliz, como si fuera una peli que ves desde fuera. Aluciné. Más tarde, salí de una dura reunión de trabajo con serenidad y temple, sabiendo bien lo que estaba y lo que no estaba en mi mano. 

Me sentía muy distinta. Me di cuenta que algo en mí había cambiado. Nada externo sino mi forma de pensar y vivir las situaciones. Mi energía, mi humor, mi mirada. Ese día ya no era como antes. Pero ¿qué había cambiado?

Ahora tenía mi TALISMÁN. 

Sin pretenderlo, cuidar a diario mi cuerpo, mente y emociones se había convertido en una rutina.

Había llegado de forma natural, progresiva y había calado hondo en mí.

BENDITA RUTINA.

que cambió mi vida. No la de fuera, la de dentro. La de cómo me hablo, organizo y veo las cosas. La de saber quién soy y lo que quiero en la vida. La de descubrir mis auténticos valores, sobre los que construir mi vida y tomar decisiones. 

Realicé varias formaciones sobre abundancia, propósito, organización personal y coaching y seguí profundizando en yoga. A nivel personal no he dejado de invertir en mi autoconocimiento con diversas terapias como la escritura terapéutica, constelaciones familiares, registros akashicos, carta natal.. Los libros me acompañan para alimentar mi alma, acumulando lecturas sobre crecimiento personal y hábitos. 

Los hábitos y las rutinas se volvieron una obsesión. Prueba y error. Lo que empezó por casualidad se transformó en pasión. Hoy puedo decite que he podido comprobar el poder de las rutinas y me he convertido en una experta. Tener una rutina diaria que cuide cuerpo, mente y emociones ajustada a ti; tus gustos, necesidades, objetivos y tiempo. Menos es más. Simple pero efectiva.

Gracias a todo este proceso vital, hoy soy consciente de que mi vida es fruto de mi familia, cultura, entorno, aprendizajes y experiencias. Para lo bueno y lo malo, esta es una mochila que arrastras contigo. Mi afán de niña perfecta, los miedos, la búsqueda de aprobación externa y del “éxito” sumaron piedras a esta mochila. Desde mi infancia, viví apenas enfocada en mis propios deseos, nunca me enseñaron. Con todo, me convertí en una mujer adulta, feliz y realizada.

Como madre, estos valores inculcados siguieron en mí, mismos miedos, perfección y éxito, pero por partida doble. Y lo acepto. La respuesta no está fuera, está dentro de ti. Las circunstancias no van a cambiar pero tú puedes cambiar tu forma de mirarlas y de vivirlas. Empezando por ti.

En el momento en que empiezas a comprender, conocerte, soltar y descargar creas espacio para ti: en tiempo, en pensamientos, en acción y en cuidado.  La mochila se vacía y puedes llenarla poco a poco de “ti”.

Gracias a estas herramientas, puedo confirmar que se puede vivir en paz. Que hay maneras de volver a ti y de vivir de forma serena, transmitiendo así esta serenidad a tu entorno. Que pase lo que pase fuera, tú tengas una vida interior plena. Que cada día cuenta. Que hay que seguir viviendo los sueños y disfrutando de las pequeñas cosas como cuando eras pequeña. Que se puede. Que tienes todo el derecho de mantener tu carrera y tu familia a la vez y que puede ser a tu manera. Y esta manera es la que sale de dentro de ti, después de conocerte, aceptarte, trabajarte y cuidarte cada día. Que hay cosas que sientes porque te las han inculcado pero no son tuyas. Que puedes aprender a soltarlas. Que cuidar tu cuerpo es un pilar importante para una vejez saludable. Que no es sólo una etapa, si no empiezas hoy, mañana será peor.

Sé que todo llega cuando tiene que llegar. Justamente porque he aprendido a vaciar mi mochila e ir hacia mis deseos, ser yo misma y ponerme en primer lugar, quiero compartirlo contigo si estás en un momento similar. Lo veo a diario en las compañeras de trabajo, en las madres de mi entorno. El problema es que a veces no somos ni tan siquiera conscientes de ello.

Pongo toda mi experiencia profesional y personal a tu servicio. Quiero compartir mi experiencia, mi investigación en todo lo relacionado con el autocuidado y autoconocimiento y lo que a mí me ha funcionado. Acompañar a todas las mujeres que, como yo, arrastran esta mochila llena de tonterías, presiones, obligaciones, fustraciones y estrés y quieren empezar a tener unos hábitos que les saquen de esta espiral. Se puede. Organizando una rutina que incluya cuidado del cuerpo, mente y emociones a través de yoga y el coaching, encontrarás silencio, paz mental, fortaleza e ilusión.

Sé que te puedo ayudar. Soy una mujer real con tu misma experiencia, sé lo que piensas y cómo te sientes. Como te decía al principio, sé escuchar, coger lo mejor de cada una y potenciarlo. Te impulsaré hacia tus deseos. Vivir la vida cómo realmente deseas.